Cosmigonon

Tapa del disco "Películas" de 1977


Corría el año 1977, y Argentina se teñía del color más oscuro de la historia reciente. La dictadura militar impuesta un año antes, atentaba vilmente contra la libertad, y la cultura se veía afectada por la censura que sólo aceptaba lo que no afectaba la realidad construida oficialmente. Pero había otra realidad, y había artistas dispuestos a contarla. 

Charly García había formado un año antes una nueva banda, después de la separación de Sui Generis y el fugaz Porsuigieco: La máquina de hacer pájaros, una banda de rock progresivo con sonidos desconocidos para este lado del mundo. Y tenía mucho para decir: luego de su primer disco, de nombre homónimo, lanzó “Peliculas” un disco totalmente crítico a la sangrienta dictadura que regía en el país. Pero, ¿cómo hicieron para lograr traspasar las barreras de la censura? ¿cómo lograron decir “lo que no se podía”? Las herramientas de la poesía surrealista (en especial la metáfora) y la relación que se establece entre esas herramientas y la realidad, fueron la combinación ideal para que se genere un disco lírico y musicalmente sorprendente.

Trataré de analizar cada uno de esos puntos que hicieron que este disco sea una lucha cultural contra la hegemonía oficial. Primero, con una contextualización de la época y del rock argentino, para situarnos en tiempo y espacio. Luego, un análisis del disco: las letras y los detalles que se les pasó de largo a los censores de la época, pero que calaron hondo en el inconsciente colectivo del público, que supo captar la idea del autor, Charly García, de contar y criticar, de manera brillante, la dura época que atravesaba el país. Además de las letras, la brillante concepción artística que tuvo la tapa y contratapa del disco, que también refiere una crítica asombrosa.  

Pero García no sólo criticaba al poder oficial. Su furia, también plasmada en las letras, se daba contra la complicidad civil de varios sectores de la sociedad argentina. Los vendedores de ilusiones, los moralistas, también son incluidos en la poesía de “Películas”. Se puede decir que es un disco que apunta hacia varios lados, pero que tiene como objetivo la apertura de las mentes de aquellos oprimidos por el gobierno de facto, que tuvieron un aire de respiro en la cultura desviada de las normas.

La Máquina de Hacer Pájaros en 1976

Contextualizando: ¿qué pasaba en Argentina en ese momento?

El 24 de marzo de 1976, la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas integrada por el Gral. Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el Brigadier Héctor Agosti se hizo cargo del poder, dando comienzo a la dictadura más sangrienta de la historia argentina, autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional.” 

Este gobierno ejerció una violencia sistemática, donde se utilizó la fuerza de las armas y la anulación de los derechos de los ciudadanos, incluso, el derecho a la libertad de expresión, y a la vida. 

El Estado fue terrorista, hizo uso de la tortura, ocultó información, y creó un clima de miedo e inseguridad, marginando al poder judicial y suspendiendo todo tipo de actividad política y cultural que pueda afectar su proceso.

La aplicación de esta violencia terrorista, les pareció el camino más corto y efectivo, para eliminar físicamente a los opositores más temibles, a los que llamaron subversivos: el plan terrorista consistió en el uso de la violencia tanto desde las instituciones públicas, como desde estructuras clandestinas, creadas por el propio Estado, para hacer más eficientes la absurda "lucha antisubversiva". 

El terror que provocaban las detenciones, los asesinatos, los secuestros y torturas ilegales que cometían las fuerzas represivas, paralizó durante mucho tiempo todo cuestionamiento a la dictadura militar. 

Junta Militar Argentina de 1976

Contextualizando: La censura no existe, mi amor

"La censura no existe mi amor, 
la censura no existe mi, 
la censura no existe, 
la censura no, 
la censura, 
la".
(Héctor de Benedictis)

Comunicado N° 19, 24/03/76 : 
Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales. 

El rock argentino no fue la excepción y también sufrió el período de mayor censura de su historia. La música rock era vista como subversiva por los militares, y en un discurso de 1976 el almirante Massera denunció a los músicos de rock y a sus fans como “potenciales subversivos”.

El rock tenía algo para decir: era justamente lo que no se podía. Lo que aquellos que tenían el poder  intentaban prohibir, el rock lo escupía como una máquina de decir verdades. Y los censores, encargados de mostrar sólo lo que aprobaban, recortaban las letras del crítico rock nacional.

Los jóvenes se desplegaron en campos como el político y el artístico. Casi ningún ámbito de la cultura estuvo ajeno a ese espíritu cuestionador y de transformación de todo lo existente, en el que se heterogenizaban las influencias del exterior, con posiciones que reivindicaban las raíces nacionales y también las populares. 

A medida que se fue acentuando el clima de lucha social, al comienzo de los años 70’, algunos compositores comenzaron a incorporar en sus repertorios canciones con connotaciones políticas. El  camino artístico e intelectual, fue el camino donde la juventud encontró una forma eficiente de burlar la censura y represión que el Estado ejercía sobre la población, y por el cual, podían manifestar su descontento. 
La literatura, el teatro, el cine, la música fueron los recursos que mas resultado le dieron a los jóvenes, y fueron exiliados, e incluso víctimas de esta sangrienta dictadura.  

Se prohibieron los grandes recitales, así como también las actuaciones por televisión y por radio y la industria del disco fue cuidadosamente censurada buscando pruebas de subversión. De esta manera los músicos tuvieron que actuar muy cautelosamente en los desplazamientos metafóricos de sus letras. 

Charly García, la estrella de esta edición, fue uno de los músicos más censurados antes y durante la dictadura militar. Desde su etapa en Sui Géneris, su primer banda, ha sufrido el recorte o la directa eliminación de sus líricas. “Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones”, de aquella banda en 1974, contuvo dos letras que no pudieron salir a la venta:  “Botas Locas”, que detallaba el poco tiempo que pasó realizando el Servicio Militar Obligatorio, y “Juan Represión”, una historia ficcional que bien podría ser cualquier cargo militar de la época. Letras muy duras y directas, que jamás podrían superar la barrera de la censura:

“Botas Locas”

Yo forme parte de un ejército loco, 
tenía veinte años y el pelo muy corto, 
pero, mi amigo, hubo una confusión, 
porque para ellos el loco era yo. 

Es un juego simple el de ser soldado: 
ellos siempre insultan, yo siempre callado. 
Descansé muy poco y me puse malo, 
las estupideces empiezan temprano. 

Los intolerables no entendieron nada, 
ellos decían "Guerra", 
yo decía: "no, gracias". 

Amar a la Patria bien nos exigieron, 
si ellos son la Patria, yo soy extranjero. 
Yo formé parte de un ejército loco, 
tenía veinte años y el pelo muy corto, 
pero mi amigo hubo una confusión, 
porque para ellos el loco era yo. 

Se darán cuenta que aquel lugar 
era insoportable para alguien normal, 
entonces me dije: "basta de quejarme, yo me vuelvo a casa" 
y decidí largarme. 

Les grité bien fuerte lo que yo creía 
acerca de todo lo que ellos hacían. 
Evidentemente les cayó muy mal 
y así es que me echaron del cuartel general. 

Yo formé parte de un ejército loco, 
tenía veinte años y el pelo muy corto, 
pero, mi amigo, hubo una confusión, 
porque para ellos el loco era yo. 

Si todos juntos tomamos la idea 
que la libertad no es una pelela 
se cambiarían todos los papeles, 
y estarían vacíos muchos más cuarteles, 
porque a usar las armas bien nos enseñaron 
y creo que eso es lo delicado, 
piénselo un momento, señor general, 
porque yo que usted me sentiría muy mal. 

Yo formé parte de un ejército loco, 
tenía veinte años y el pelo muy corto, 
pero, mi amigo, hubo una confusión, 
porque para ellos el loco era yo.

“Juan Represión”

Juan Represión viste
un saco azul, triste
vive como pidiendo perdón
y se esconde a la luz del sol.

Juan Represión sabe
no hay nadie que lo ame
las balas que la gente tiene
lo asesinaron de pie.

Esta es la historia de un hombre
que supo muy pocas letras
y soñó con la justicia
de los héroes de historietas.

Y se disfrazó de bueno
con un disfraz de villano
y los malos de la historia
son los héroes cotidianos.

Pobre Juan, el odio te hace muy mal
y esperas a tu muerte
justo una madrugada
en manos de la misma sociedad.

Juan Represión sueña
poder ser invisible
no puede soportar la verdad
y el terror lo va a matar.

Juan Represión grita
Juan Represión llora
está tan loco el pobre
que hoy en la cárcel se encerró.

Esta es la historia de un hombre
que quiso ser sobrehumano
y la realidad, entonces
se le escapó de las manos.

Y ahora juega a los ladrones
junto con Batman y Robin
en un asilo de ancianos
con payasos y gusanos.

Pobre Juan
qué lastima me da
todos los reprimidos
seremos tus amigos
cuando tires al suelo
tu disfraz.

Como observamos, el estilo de las letras era totalmente directo. García no tenía filtros: era un músico que sentía y vivía la dictadura en carne propia, y no dudaba en plasmarlo en sus canciones. Pero de esa manera, no podría lograr su objetivo: relatar la realidad y destapar los ojos a la mayor cantidad de público posible. Entonces, influenciado por las herramientas que le brindaba la poesía surrealista, como la metáfora, decidió crear La máquina de Hacer Pájaros, una excelente banda de rock progresivo, con sonidos nunca antes escuchados en el país, que relataban cómo se vivía el día a día en la Argentina dictatorial. Aunque también tuvo algunos problemas: en su primer disco, titulado “La máquina de hacer Pájaros”, de 1976, García incluía una polémica canción que también fue censurada: “Como mata el viento norte”, la cual contenía un fragmento que no aprobó la mirada de los censores:

Hoy es un buen día,
  hay algo de paz, 
 
la tierra es nuestra hermana,
  los asesinos son los demás”

La canción pudo finalmente ser editada en el disco, pero sin la última oración. García comenzaba a usar las crudas metáforas en plena dictadura, para lograr decir aquello que venía diciendo, pero que no podía ver la luz.  Este hecho lo llevaría a cabo en su máxima expresión en su próximo disco: “Películas”, de 1977. 

La Máquina de Hacer Pájaros en 1977

Un drama urbano: "Películas" de La Máquina de Hacer Pájaros

"El nuevo disco de La Máquina tiene una onda urbana, porque habla de lo que le pasa a la gente de la ciudad..." (Charly García, Revista “El Expreso Imaginario”, 1977)

“Lo que le pasa a la gente” comentaba el líder de la banda, Charly García, antes de su lanzamiento. Y justamente, era eso lo que, tanto La Máquina de Hacer Pájaros, como el movimiento del rock nacional en su totalidad, quería representar. Pero había que buscarle una vuelta a la tuerca del testimonio que los jóvenes veían y que no tenía espacio en lo que la sociedad, masivamente, consumía. García había sido censurado, y aprendió una lección ¿era necesario ser tan directo para decir las cosas? ¿Qué sentido tenía escribirlas de esa manera si el pueblo, los destinatarios reales de estas ideas, no las recibirían? En el disco que lanzó en 1977 junto a su banda, La Máquina de Hacer Pájaros (nombre inspirado en una conocida historieta del dibujante Crist), demostró que era posible decirlo todo, sin hacerlo directamente. La metáfora, incondicional aliada de ésta época de García, hizo posible que, en palabras y en imagen, “Películas” fuera un disco conceptualmente social, que criticaba duramente al gobierno dictatorial y todo lo que su régimen implicaba: la falta de libertades, de expresión, el moralismo, los secuestros estatales, y a la complicidad civil de la sociedad, que no ejercía, en su gran mayoría, ningún tipo de resistencia frente a las violaciones de sus derechos.
Antes de adentrarse en el análisis de las líricas, hagamos un análisis del arte de tapa y contratapa del disco:

La tapa nos sitúa en la puerta de un cine: la banda se retira luego de ver la película del cineasta inglés Alfred Hitchcock, Trama macabra (Family Plot). En una mezcla de suspenso y comedia, el director pone en pantalla acciones que se relacionan directamente con la sociedad argentina de la época, y con lo que García quería dar a conocer: mentiras, secuestros, asesinatos y escenas confusas se plasman en este film que no fue inocentemente electo. Un pequeño detalle que decía mucho, para empezar en el arte de tapa.

Y luego, la calle. Ahí se puede ver un hombre con un cartel, fiel reflejo del hombre promedio de la época. De traje, peinado con “gomina”, y de paso recto. Pero tiene una particularidad: sus anteojos negros y su bastón denota que es ciego. Se metaforiza la ceguera física, con la ceguera de no querer ver lo que estaba pasando. De dejar que pasen las cosas sin hacer nada al respecto. Dura crítica a lo que anteriormente se mencionaba: esa complicidad civil, consciente o inconsciente, que gran parte de la sociedad argentina tuvo para con la Dictadura Militar.
En sus manos, el ciego lleva una especie de cuadro que repite la secuencia una y otra vez. Una secuencia infinita, que refleja la vida en un espejo que mantiene atrapada a la realidad, a los hombres en sociedad, y no le permite avanzar, sino que limita a permanecer siempre en el mismo lugar. Ésta secuencia se repite en la contratapa del disco, pero de diferente manera.  Un televisor con un gato sobre él,  y una imagen repetida infinitamente donde un puño quiere destruir el aparato eléctrico. La crítica al rol de la televisión, de los medios, en todo esto. El ocultamiento y la complicidad que se tenía para mostrar sólo una parte de una realidad construida, o tergiversar la historia, para que los “héroes cotidianos” se conviertan en “los malos de la historia”, como cantaba García años anteriores en Sui Géneris.

Y desde esa negación, desde todas esas limitaciones que la mayoría de los sectores de las sociedad argentina generaba, surge la pregunta que da cuerpo al disco: ¿Qué se puede hacer salvo ver películas? Metafóricamente, lo que García preguntaba, es qué se podía hacer más que quedarse en la casa, de brazos cruzados, alienado por una televisión que buscaba mantener entretenidos a los espectadores entre programas de entretenimiento (como los Almuerzos de Mirtha Legrand) o películas de temáticas extranjeras, como las clásicas western (conocidas en el país como “Cowboys”).

Contratapa de "Películas", 1977

La canción de nombre homónimo, es el corte del disco. Se encuentra justo en la mitad, para despedir los disparadores que se cuelan a lo largo de todo el disco. Al igual que el resto de las canciones, “¿Qué se puede hacer salvo ver películas?” tiene una especie de subtítulo. “5 Óscars de la Academia y del Ciclón” fue el elegido en este, parodiando a la entrega de premios estadounidense al cine.

Ella es una actriz, 
se seca y mira el mar, se viste de plata, 
nadie la viene a buscar, 
no espera que toquen el timbre 
se monta en un convertible 
y se va, ya verán. 

¿Que se puede hacer salvo ver películas?
sueño con la actriz que se seca y mira el mar, 
mi corazón es de ella, 
mi mente está en las estrellas. 

Sobre la T.V. se duermen mis dos gatos 
salgo a caminar para matar el rato 
y de pronto yo la veo entre los autos 
justo cuando la luz roja cierra el paso 
me acercaré al convertible,
le diré: "quiero ser libre, llévame, por favor" 
¿Que se puede hacer salvo ver películas?

Quien relata la canción es el espectador de una película. El dueño del televisor de la contratapa, que se encuentra frente a la pantalla y casi por necesidad, confunde la ficción con la realidad. Se sitúa dentro de la película, que ya conoce de memoria (“y se va/ ya verán”) y vive esa sueño como una realidad. La paranoia, tal vez algo autorreferencial de parte de García (había sido detenido y amenazado decenas de veces) lo obliga al personaje a un encierro que tiene escapatoria, únicamente, en su mente. Y allí está, en una película junto a una actriz que escapaba. (“No espera que toquen timbre / se monta en su convertible / y se va”) ¿De qué escapaba? ¿Quién podría tocarle el timbre? Para 1977, era alto el número de desapariciones que el gobierno de facto se había cargado. Y mucha gente del ámbito de Charly García, había sufrido secuestros y desapariciones. Entonces, la actriz venía a representar eso: a la gente que estaba siendo buscada, a los que arrancaban de sus casas brutalmente para ser interrogados y tal vez, nunca jamás se volvería a saber de ellos. A los que se iban, a los que obligadamente el exilio era la única respuesta. Y luego, ya como protagonista de esa realidad ficcionada, García, lanzaría un grito de auxilio: “me acercaré al convertible / le diré quiero ser libre / llévame, por favor”. Pedía lugar en ese auto.
Musicalmente, la canción contiene pasajes de rock progresivo y fusión con el jazz, concepto que se extiende a lo largo de todo el disco. En la época, las “canciones de protesta” eran generalmente asociadas a lo acústico, como León Gieco o Miguel Cantilo (en Pedro y Pablo). García ya había desmitificado ese concepto en “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” de 1974, y aquí lo vuelve a romper con sonidos, e incluso instrumentos totalmente innovadores para la Argentina. Fue tan sorprendente como bien recibido entre el público, que aceptó rápidamente y de buena manera este cambio de conceptos que la banda propuso.

A pesar de toda esta feroz crítica metafórica, la canción en la que García más se desnuda y muestra su temor a lo que sucedía, es sin dudas, “Hipercandombé”. Como lo indica su brillante subtítulo, es verdaderamente un “Grito milenario del Río de la Plata”.

Cuando la noche te hace desconfiar 
yendo por el lado del río, 
la paranoia es quizás 
nuestro peor enemigo. 

Cubrís tu cara y tu pelo también 
como si tuvieras frío 
pero en realidad 
te querés escapar de algún lío. 

¡Dejenme en paz!
¡no quiero más!
No hay esperanza en la ciudad. 
Mi amada está lejos de acá 
en un país hipernatural. 

Cuando la luz de gas y alquitrán 
cubra tu cuerpo podrido 
toda tu caretez, mi amigo, no tendrá sentido 
y si te asusta este canto final 
o no le encuentras sentido 
podés cambiar el dial 
y escuchar algo más divertido.

La temática es similar al tema anterior: los puntos más importantes que toca aquí son la paranoia, la persecución, el miedo a salir a la calle y no saber con certeza si regresarías con vida. El hartazgo de esa presión que no lo dejaba vivir en paz, y lo mantenía encerrado. Y sobre el final, la crítica al “caretaje”, a lo superficial, a las caretas que la sociedad tenía. A los que tenían miedo de hablar, en vez de enfrentarse al opresor gobierno militar. Si no te gusta, cambiá. Pero pensalo. Era el mensaje con que García, casi en tono enojado, cerraba la canción. Primero, la paranoia. Tal vez el sentimiento más recurrente que pasaba por Charly en el momento. Años más tarde, el mismo García contaría que en la época recibía llamados anónimos amenazándolo “si no se dejaba de joder”. “Cubrís tu cara / y tu pelo también / como si tuvieras frío / pero en realidad te querés escapar de algún lío”. Otra vez, escapando. No mostrándose, escondiéndose, tratando de no ser reconocido. El pelo largo era otro de los motivos por los cuales los militares perseguían a los jóvenes, y García no era la excepción. Además de todo el contenido de sus letras, desde su estética también decía algo. Estaba en contra de todo lo que el sistema quería para controlar a la sociedad. Y nuevamente, un grito de auxilio, de aire fresco: “¡Déjenme en paz! / ¡no quiero mas!”. Un García cansado de todo lo que lo rodeaba, que ya no sentía esperanzas en la ciudad.
Pero al dejar un mensaje tan nihilista, negativo, intentó contrarrestarlo con “No te dejes desanimar”. Tal vez un poco contradictorio, pero en esta canción, García pide no bajar los brazos y seguir peleando. Seguramente, apuntando a públicos diferentes en cada canción: al “caretaje” en Hipercandombé y a los “del palo” en “No te dejes desanimar”: “No te dejes desanimar / no te dejes matar / quedan tantas mañanas por andar”. Un empujón anímico entre tantas pálidas.

Para ir finalizando el concepto del disco, creo que es importante remarcar una de las canciones en las cuales se hace una crítica total al moralismo, o en este caso, a la doble moral de muchos miembros de la sociedad. En especial, a los civiles. “El vendedor de las muñecas de plástico” tiene como subtítulo “No hay nada mejor que una nena de goma” y encierra conceptos muy importantes para terminar de entender el disco. El rol de la mujer, bastardeada por el machismo que implica una dictadura de tal envergadura, y que la pone en un papel de “objeto” sexual obediente. También, de forma satírica, se refiere a las perversiones que todos tenemos, pero que muchos esconden. Aquellos que externamente se muestran como seres política y moralmente correctos pero que esconden los más oscuros sentimientos. La voz del vendedor que intenta proveer a la sociedad de “muñequitas”, de mujeres que no piensen y que sólo obedezcan al hombre en relación patriarcal.

Compren mi muñeca inflable,
la más dulce y la más amable.
De las jugueterías, terror,
de las industrias del amor.

Siempre sonríe, siempre de buen humor 
como las chicas que se pasan 
los días en las confiterías. 

Cómprese hoy 
una linda mujer que no piense ni coma 
No piense más señor 
que no hay nada mejor que una nena de goma. 

Las hay con labios gigantes 
también con pechos brillantes 
no oculte más su perversión 
acá le doy la solución. 

Hay un modelo para cada moral 
haga la prueba llévelo hasta su hogar 
va a ver que se la queda.

Cómprese hoy 
una linda mujer que no piense ni coma 
No piense más señor 
que no hay nada mejor que una nena de goma.

A diferencia de los anteriores materiales discográficos de Charly García, “Películas” no sufrió ningún tipo de censura. García encontró la fórmula para poder escupir todo lo que le pasaba sin ser detectado por los censores militares. Nadie podía recortarle nada, ya que directamente nunca los nombraba. Una especie de Tato Bores musical, casi intocable por la sutileza en la que contaban el día a día, la vida cotidiana. Este disco abrió un abanico increíble de metáforas que luego se repetirían, tanto en la misma obra de García como influenciando a otros artistas. “Canción de Alicia en el País”, perteneciente al álbum de Serú Girán de 1980, fue tal vez la cúspide de García en la utilización de esta herramienta: logra una fusión impecable entre la Argentina dictatorial y el país de Alicia creado por Lewis Carroll en 1865.
Una vez más, la cultura venció a la ignorancia. La maña a la fuerza. La inteligencia dejó en ridículo a una cruenta dictadura que no pudo jamás interponer su cabeza a las armas. Será porque, como dijo Groucho Marx, “Inteligencia militar son dos términos opuestos”.






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